BORRELL DERRIBÓ OTRO MITO

 

Artículo de MARGARITA SÁENZ-DIEZ TRIAS en "El Periódico" del 27-4-98

 

La victoria de Josep Borrell en las primarias del PSOE ha demostrado que las bases socialistas mantienen intacta su capacidad para recuperar las ilusiones perdidas y para restablecer su propia autoestima. Ha servido también para derribar un mito formidable. Aquel que situaba como misión imposible que un catalán llegara a presidir el Gobierno de España. Un mito alimentado sin descanso desde CDC tras el naufragio del intento de Miquel Roca de liderar un partido centrista, el Partido Reformista, nacido con vocación de pivotar la alternancia de los partidos estatales PP y PSOE.

El político de La Pobla de Segur ha demostrado que los socialistas de Catalunya, de Nájera, de Melilla, de Sueca o de Cambados, han apostado sin complejos por un hombre exento de veleidades nacionalistas, pero capaz de exhibir con orgullo su condición de catalán. Todos han querido enviar a la Moncloa a alguien comprometido con sus señas de identidad, pero que no se obsesiona ni por exaltar la diferencia ni por glorificar su supuesta primogenitura. Un político que no lagrimea ante las insidias contra Catalunya, sencillamente porque entiende que esas descalificaciones se dirigen contra una forma de entender el país, contra un talante, en ocasiones mezquino, que se proyecta como sombra pegajosa, común a todos los catalanes aunque no la compartan.

En la campaña de estas primarias, Borrell ha conseguido encandilar a sus electores y electrizar a muchos otros. Como ocurrió en los debates televisivos de las elecciones generales de 1993, en los que Borrell deslumbró a la opinión pública al noquear a su oponente, Francisco Alvarez-Cascos. Por su capacidad persuasiva, el candidato socialista tiene ahora la oportunidad de añadir al listado de sus muchos desvelos, el de demostrar que desde el apoyo recibido por casi el 83% de sus votantes catalanes, puede reconvertir esa imagen tan profundamente negativa que, dicen algunos, tiene Catalunya más allá del Ebro. Apuesto a que podría conseguirlo.